Call of Duty es uno de los videojuegos con el que se me caen lágrimas de nostalgia. Pero también significa “llamada del deber”. Y me impongo un deber ante la opinión pública. Así el orgullo también tira de mí, bajo la presión de que alguien se ría de mí el día que lo incumpla.
Si lo consigo, porque me aupáis, si no lo consigo, caigo en vuestros brazos. Y este deber es escribir en el descanso dominical. Porque escribir es ordenar la cabeza. Porque la fortaleza y la templanza serán los polos del deber que me impongo: bien porque no me apetece, bien porque me apetece escribir 4 a la semana.
Andrés, ¿no “estudias” una ingeniería?. Andrés, ¿no tienes muchos frentes?. Andrés, ¿ya te has hecho un Excel con los títulos de las entradas? Pues bien, ante estas preguntas que no me hacéis -aún- me amparo en lo siguiente: he hecho un análisis breve de mis referentes, y son personas profundamente humanistas.
¿Y? Pues que “dime con quién vas y te diré cómo eres”. Andrés, no vas con esos. Pues me gustaría. Y con eso, me basta.
¿Tundras y paellas? Encuentro cierto atractivo en mi origen misterioso. También lo encuentro en el patrimonio familiar que me encontré al llegar a Valencia cuatro días después del famoso 11-S. Tundras y paellas.
Vomitaré todo lo que se me ocurra aquí, intentaré darle cierto orden, que se pueda al menos distinguir el desayuno de la merienda. No esperéis algo concreto, más bien no esperéis nada. Siempre es lo mejor, así luego hay un atractivo mínimo. Pero ni de mí aquí, ni de nada. A mí me sirve como consuelo a veces.
Le daré un espacio a algunos libros que lea, los cuales tengo perfectamente inventariados, como no puede ser de otra forma. Habrá espacio para criticar, también para alabar. Supongo que tendré una parcela de desahogo, y algo de pedantería redomada. Pero sobre todo, es un regalo que me hago a mí mismo en un afán de leer, ordenar, profundizar y compartir. Y prometo no pasar de una hoja de word, hay que adaptarse a los tiempos.
“Sus intenciones no nos importan —repuso el juez—. Sólo nos importan los resultados.” Si Michael Ende en Momo (irónicamente) es de la cofradía de que lo que importa son las intenciones, me apunto al club. Si el fracaso y la victoria son dos impostores, lo importante será intentarlo. Al maldito Twitter tengo que agradecerle conocer el tweet fijado de Ricky Rubio: “never too high, never too low”.
Me expongo, y sabed que accedéis a mi interioridad, al menos a alguna capa más profunda de la habitual. “Me gusta mucho esta decisión nuestra de haber pasado al tuteo. Tenía la impresión de estar encerrado en la suite Goyescas de Granados, de la que no me permitían salir”. De “Una pasión rusa” (Reyes Monforte).
Una última, ya de regalo gracias a John Steinbeck: “mirándolo a hurtadillas, lo vio sonreír. Y como eran una sola persona y una sola voluntad, ella sonrió con él.” ¿Sonríes conmigo?