Una teta en barbecho

 


No es fácil escribir esta crónica "SloMo", es decir, tras cierto tiempo de lo ocurrido y sopesando las consecuencias, incluso tras dejar pensamientos en barbecho. Pero es que la batalla cultural se ha de librar estratégicamente. Los grandes jugadores de ajedrez son mucho más incisivos cuando no van a contrarreloj. Por eso vamos ahora a definir parte del calostro que deja tras de sí la teta que quería ser eurovisiva.

Parece que esta mu-mu-mu-mu-mu-mu-mu-jer es provocadora. Revolucionó el Benidorm Fest en el que ganó la Beyoncé de Aliexpress. Parece que cuando aceptamos los términos y condiciones al decir que alguien es provocador, decimos que su propuesta es disruptiva y choca con lo establecido en la cultura actual. 

Y lo establecido, ¿qué es? Seguramente sea lo convenido por una sociedad, fruto de las decisiones de las generaciones que nos preceden. Y claro, nosotros somos más listos que los anteriores, cómo no. Quién, en su sano juicio, piensa que las decisiones tomadas por los anteriores son más correctas. Total, el escenario actual, culmen del patrimonio cultural e histórico que nos precede, es “solo” lo que nos han dejado tras errores corregidos, dificultades sobrepasadas, esfuerzo innegables y opiniones avaladas.

Alguno cree que lo que uno solo piensa o aporta merece más reconocimientos que lo que han construido tantos. Este pensamiento, o bien es de alguien engreído -y lo sabes bien-, o de alguien oprimido. Rechazar la tradición pulida tras lustros, décadas o siglos puede ser síntoma de alguien desesperado o desagradecido.

Rigoberta, gracias por querer mucho a tu mamá, y estoy seguro de que fue un homenaje a ella y no un clamor de odio con tintes de feminista pazguata. Gracias por no odiar a los que nos han hecho ser lo que somos, a quienes han hecho inversiones vitales a fondo perdido, aunque se equivocaran. No odies, la elección de criticar o agradecer a nuestro pasado es tuya.

Ay, mamá.