Ya le he dado un beso



Recientemente presencié una escena conmovedora: haciendo fila para recibir la Comunión, vi un niño dando un beso sonoro al compás de una mano en volandas. Parecía un torero tras un olé del público. Se dirigió a su madre y le dijo en alto: “Mamá, ya le he dado un beso a la Virgen”.


Me recordó a aquellos "dale un beso a los abuelos" de mis padres. Y había que justificarlo, por supuesto, para tranquilidad de mis padres. Muchas veces era fácil, pues el beso era de contrabando, podía recibir algo de dinero a cambio. A Judas también le pagaron por dar un beso.


Pero esta traición no es más que una tradición de casi toda familia. Los abuelos son personas cuyo deber es mimar, encaprichar, probar con mano derecha la mano izquierda de los padres.


El árbol genealógico agita sus ramas en este momento y cada uno juega su rol de modo muy concreto. Nietos ignoran, padres sufren y abuelos disfrutan. El rito de preparación comienza por un “ni que decir tiene” de la madre en el coche, donde informa de la obligación de “saber estar” en casa de los abuelos. En ese momento, el niño-nieto piensa en las chuches que se comprará con el dinero de los abuelos.


Dicen que tener un hijo es como tener algo siempre al fuego, por eso sufren tanto los padres, y es comprensible. Pero los abuelos solo disfrutan del resultado de esa cocción del nieto. No olvidemos que en su día ellos ya pusieron a cocción a sus hijos, a quienes ahora prueban como chefs, por eso tienen la legitimidad de edulcorar a los nietos a su gusto.


Me temo que sería un error rotundo no dejar a los abuelos “abuelar” como quieran. Son los padres los que deben educar, y la autoridad de los abuelos reside en la percepción de ellos como fuente de serenidad y comodidad.


Aún recuerdo la napolitana de chocolate que mi abuelo me bajaba todos los viernes antes de entrenar. Y yo era la envidia de mis amigos, todos me pedían, y solo le daba un trozo a un amigo que era vecino mío. No tenían envidia de la napolitana, sino de ver a mi abuelo “abuelando”, tras lo que le daba un beso.