La pancircocracia, a veces confundida por partitocracia, es aquella forma de gobierno en la que partidos políticos se organizan para acumular el poder y aherrojar la soberanía nacional. De este modo, en la medida en que la grey se encuentre a gusto con el día a día y la opinión pública no esté muy en contra, los políticos decidirán aquellas cosas que les mantengan en el poder.
De este modo, cuando el que no manda tiene algo de hambre, el político le da una hogaza de pan. En este contexto, el político apacienta al pueblo y es exaltado como redentor.
Si uno hace memoria, qué lejos quedan aquellos días en que los políticos escuchaban con cierto aprecio y respeto a las otras bancadas. A día de hoy, esto es impensable y el pensamiento crítico es una cuerda floja, tan floja, que de parecer demasiado cuerdo, con ella te echan la soga. Miren a aquellos dos diputados de UPN en la reforma laboral que pensaron que sus jefes eran los españoles y no el comité del partido en que militan.
Me gustaría rememorar unas palabras de un tipo que brilla -a mi parecer- por su sentido común: “Yo soy de toda la puta vida socialista, yo ahora voy a votar a *** seguramente, ¿porque a quién cojones voto? ¿A los mentirosos-mafiosos del PP? ¿A los de Ciudadanos para tirarlo? ¿A los del PSOE para que me mientan? ¿A los otros para que me hagan follarme un “muñeque”?”
Dejaré como irrelevante a quién vote este hombre, pero al menos Frank de la Jungla traslada un mensaje de desesperación por la oferta absurda que se nos ofrece en nuestra democracia circense actual. Quien les viere funcionar, pareciera que se llevan mal, pero en el sistema se frotan como oso contra un árbol, están todos más a gusto que un arbusto.
Y es que ser político no exige más que ascender dentro de algún partido político. Quizás esté loco, pero me quedaría al menos más tranquilo si hubiera unos mínimos para ser diputado. Para cargos en la administración pública hay oposición: jueces, carteros, notarios, bomberos, profesores… Me sorprende que sea tan accesible llevar las riendas de un país.
Por otro lado, lo del PSOE actual me recuerda a un juego que había en el programa Humor Amarillo, donde los concursantes chinos tenían que saltar corriendo por unas piedras (en mi cabeza eran hamburguesas) sobre un estanque, y algunas eran inestables. Solo los más afortunados no caían al agua. Pues bien, el PSOE usa los escándalos como soportes para seguir arriba en el poder, pero no caen. Tendré que leer algún día el manual de resistencia que tienen. Aunque a veces soy escéptico con la Europa actual, supongo que es el contrapeso que da estabilidad económica.
El otro día escuchaba la historia de una persona que hoy podría andar entre escaños con total seguridad: Herodes. Este personaje dice respetar a Juan el Bautista, pero en cuestión de párrafos ya le ha cortado la cabeza para no desairar a los que le doran la píldora.
Es normal ver gente cansada de este espectáculo bochornoso, y se puede votar a *** por cansancio o no votar, ya que a la salida del circo, espera la vida real. Esta noche, sesión de circo con palomitas.