En mi primera entrada dije que podía caer en vuestros brazos si publicaba más de una vez a la semana. Pero creo que puedo hacer excepciones con las reseñas de los libros que lea.
En mi entorno neorrancio me lo habían recomendado. Y los artículos de Ana Iris Simón en El País los suscribo prácticamente de la A a la Z.
Toda la familia de mi padre es de la Mancha (Vara de Rey) y creo saber lo que es la Mancha. Para mí, son mis veranos de aventuras y brisca con mi abuelo desde pequeño hasta los 15 años. Mis veranos de casi-accidentes con la bici. Veranos de tíos abuelos por doquier y de descubrir que le has dado una patada jugando a un niño que es tu primo segundo. De morteruelo, higos y torrijas.
Este es un libro que murió en mis manos por accidente. Siempre es un drama que alguien muera antes de lo esperado, y así me sucedió. Cuando iba por el 67% del libro en mi tablet, repentinamente, el 33% de lo que faltaba eran recomendaciones de la editorial. Otro que añado a mi Excel.
Claro, se puede entender el drama y la amargura, y quizás lo recuerde más por este acontecimiento que por su contenido. En cualquier caso, este libro permite descubrir varios asuntos: cuando los “tontos de pueblo” se convierten en los más perspicaces. Y cuando la simpleza se convierte en belleza. Ahí, en ese momento, es cuando agradeces haberte dado este paseo por la Mancha.
Más que nada, un libro en el que descubrir a alguien en quien anclar el mosquetón de mi arnés cultural.