Hijo de Putin

 

Uno podría pensar que Putin está loco, y no le quito razón. También podría pensar que Biden está interesado en que Rusia entre en esta guerra y no ha hecho demasiado por evitarlo.

Y es que este hombre no está dispuesto a que se rían de él. ¿Quién está dispuesto a que se rían de él? Supongo que nadie en su sano juicio. Sin embargo, reírse de uno mismo es la mejor terapia para afrontar los problemas o complejos que cada uno pueda tener. Incluso se puede justificar desde un punto de vista más específico: es síntoma de tener una autoestima saludable. Además, sirve como pilar de resiliencia, una palabra, a decir verdad, denostada por mi parte.

Cuando ves a un tuerto hacer chistes de ciegos, cuando ves a un gordo dibujar una cara en su pancha o cuando ves a un calvo frotando su cabeza, es ahí donde piensas: me gustaría ser tuerto, gordo o calvo. Quizás no eres nada de eso, pero tienes tu piedra en el zapato o tu espada clavada. 

Cuenta la leyenda que el rey Arturo fue proclamado rey por aclamación popular al sacar la espada de la piedra. El mago Merlín aseguraba que lo más importante era tener un corazón grande y fuerte. Lo que no cuenta la leyenda es que antes de sacarla, Arturo susurró unas palabras, nadie sabe qué dijo, pero seguramente se reiría un poco de sí mismo. 

Por otro lado, esto no justifica denigrar a los demás. O al menos, si se hace, con templanza (in medio virtus). Es todo un arte el del insulto, puede ser: socarrón, ácido, ingenioso, indirecto, mordaz, cómplice, irónico... Cada vez soy más detractor de la ironía ácida, porque demuestra que alguien es rápido de cabeza, pero lento de corazón.

He de decir que siempre me ha parecido muy ingenioso y acertado el insulto que a veces me proferían: "hijo de Putin".