En cierto colegio que visité me dijeron con orgullo que daban clases de sexualidad a los chavales, que son la mayoría de familias gitanas y la de problemas que tienen. Me explicaban que era porque los gitanos tienen demasiados hijos. Cuando las palabras "demasiados" e "hijos" van juntas me chirría por defecto. ¿Es un problema? ¿Son una plaga?
La gente que va a África suele volver con una vaharada en el corazón que les hace suspirar: “quiero volver”. Desconozco las experiencias que allí se viven, sobre todo porque no he ido. Será que es cliché tener ese sentimiento condescendiente. Será que ven a personas pobres pero con brillo en los ojos.
Será que ser rico no es tener todas las fruslerías inimaginables, sino tener lo importante. Será que una sociedad edificante tiene hogares y no almacenes de personas. Será que aún atienden a su instinto gregario y renuncian al individualismo especulativo.
La crisis global de occidente no es del cuerpo, sino del alma, que se llena de exuberantes bagatelas. Creo que así lo confirma la actriz Dafne Fernández: "La maternidad me ha roto, ya no soy sexualmente deseable y eso me invisibiliza. (...) He pasado momentos malos, porque siempre se habla como si todo fuese feliz y bonito y no es verdad".
Ante el apuro de Dafne, me gustaría recomendarle unas palabras de Ana Iris: "Tomar el pecho es la socialización primera y la revelación primigenia de que casi nunca hay salida individual a los problemas ni alegría posible si no hay un otro con quien celebrar".
Podrán tener problemas y ciertas necesidades los gitanos o allá en África, pero lo esencial lo tienen claro. Les sopla el viento a favor, aunque quizás no usen las mejores velas. Será que el término "talleres de sexualidad" me suena a eufemismo barato de "insecticida". No obstante, cuando tienes a tu familia, ¿qué te falta?