Un hombre al margen (Alexandre Postel)

 

 Este libro no va de cómo la justicia persigue a un hombre, sino de cómo la injusticia persigue a un hombre. Esta ficción novelada retrata cómo la percepción de los demás llega a un punto de no retorno: eres un monstruo. Cuando una vida se encuentra entre los puntos «monstruo» y «víctima», en aquel lado de la sogatira tira todo el mundo, y al final uno puedo ceder y creer que efectivamente, es un monstruo. 

«Monstruo, víctima: era como una cifra en la que sólo variaba el signo, negativo un día, positivo al siguiente; pero el cero, el apacible y bienaventurado cero, la cegadora evidencia del cero, eso nunca». Parece que ir al núcleo de estos temas no importa demasiado, y puede ser. ¿Quién se plantea ir al núcleo de la tierra? Pues algún loco. He decidido viajar por aquí, y no me arrepiento. Lo he leído como si afectara a alguien de mi familia. Sé que es un planteamiento grotesco y algo abyecto, pero es lo que me han propuesto mis neuronas.

Al protagonista, Damien North, le rompen la brújula de su vida. Desde el comienzo se le coge un cariño compasivo a este antihéroe. El autor lo provoca con descripciones como su fatal intersticio de carne lampiña (ese hueco entre calcetín y pantalón que a veces asoma).

Hay momentos donde el recuerdo vuelve hasta aquel libro, para mí paradigmático, de una paranoia: Los renglones torcidos de Dios. «Pase lo que pase, tiene que hacerse a la idea de que no va a salir purificado del tribunal. Eso es hacerse ilusiones. De un juicio así no se sale purificado. O se sale enfangado o no se sale». Así como en una guerra todos pierden, en una acusación tal, también se pierde, sea cual fuere el veredicto. 

Damien pasa de ver el mundo con un color grisáceo a verlo con una ventisca constante de desolación, un color que se acerca al negro, donde ya solo queda reír por no llorar. Reír bajo una lluvia ácida, siendo un loco más al que solo acompaña un abogado que dura lo que el bolsillo permita. Solo la temeridad de abstraerse de las propias circunstancias, de ser crítico con el presente, sería una vía de escape. Pero salir del presente significa aislarse, de sí mismo y de los demás. ¿Es este el precio a pagar? La solución no depende de uno mismo, o alguien desea también salirse de ese mismo presente, camino por el que se transcurre sin mayor problema, o la soledad es el destino inmutable.

¿Es posible recuperar la honra? ¿Te imaginas que ocurre en tu propia familia? Pues bien, lo que dice al respecto este libro impresiona. Lo recomiendo vivamente.