Dicta la costumbre de Sant Jordi que en el día de hoy el hombre regala a la mujer una rosa, y ella a él un libro. No sé si rompo algún tipo de liturgia, pero hoy os regalaré un rosa virtual, pero que sea de «seda». Y es que el libro va de un tipo que vende gusanos de seda, así de sencillo. De un tipo que vende gusanos y que vende su vida al precio de la nostalgia de una vida no vivida.
Este libro podría ser una rosa, pero con muchas espinas. Es un regalo envenenado, ya que pincha demasiado durante su lectura como para llegar a una rosa escueta que alivia un poco el recorrido.
Me gusta que los capítulos sean muy breves, en general, le conviene a mi falta de fortaleza, es complicado a veces afrontar capítulos de +20 páginas si un libro aún no consigue enganchar. A este libro le beneficia su brevedad.
Confieso que he tenido que bucear en foros para sacarle más jugo al libro, y ver qué había visto la gente que yo no. Supongo que a todos nos entra complejo de zahorí cuando se nos revela un libro como una joya, pero cuando es del modo contrario, que no obtenemos esa gracia, el complejo es de poquedad. Esta poquedad pesimista me ha arrebatado esta vez.
«Dibujado en el agua, le parecía ver el inexplicable espectáculo, leve, que había sido su vida». Pues como el libro: inexplicable y leve. Ojalá no pase nuestra vida como un espectáculo bochornoso en el que obviamos lo importante. Ojalá sepamos saborear bien lo noble, lo amable, lo amado, para que sea una vida sencillamente explicable, grave.
No es malo el libro, es decir, me lo recomendaron, pero solo recomendarlo me parece que es dotarle de demasiadas expectativas. Por resumirlo con una frase de otro foro: «Un cuento escrito por un esteta». Quizás vale la pena destruir prejuicios y evadirte con él unas horas, no sé, decide tú.
