Otoño (Ali Smith)


 El primero de un cuarteto de las estaciones. Es junio, mes del orgullo, y parece que Vivaldi haya cambiado de sexo y de género, ahora escribe novela en vez de partituras y su nuevo nombre es Ali Smith. El riesgo era alto, si el libro hubiera sido bueno, tocaba leer el resto por inercia. Y resulta que no me ha convencido. Probablemente me quedaré en el otoño, seré como la hoja que cae y muere. Siendo algo muy accidental, la edición de portada mola, fíjate que Winter Is Coming. 

Alabo los constantes guiños a Un mundo feliz en escenas surrealistas como la parodia del exceso burocrático, en la que he tenido reminiscencias de Ana Iris. Con el Brexit como telonero de la narrativa, la protagonista descubre el cinismo de la sociedad:  «Estoy cansada de que los Gobiernos mientan. Estoy cansada de que a la gente ya no le importe que le mientan. Estoy cansada de que me hagan sentir miedo. Estoy cansada de tanta hostilidad. Estoy cansada de tanta pusilanimidad. (...) Es como si la democracia fuese una botella que alguien puede amenazar con romper para hacer daño con ella. Es una época en que las personas hablan sin que lo que dicen llegue a convertirse en diálogo. Es el fin del diálogo».

Odio las contorsiones narrativas, y ocurre en este libro de modo constante. Me pasa como en Patria, es como si metieran a mi cabeza en una montaña rusa y a hacer loopings, qué necesidad hay. Así lo define una crítica: «La trama en sí no consiste en una historia que avanza de manera lineal u ordenada, sino que la historia, si es que podemos entenderla como tal, es una idea, o un conjunto de ellas, y es ese conglomerado el que conforma el argumento de la obra».

Cuando no acabo de comprender el objetivo, la tesis de fondo, no me queda más remedio que hacer espeleología por Internet para ver qué me he perdido. Y no es que tenga yo el problema, pero es que la crítica alaba esa peculiaridad, me resulta desternillante. Le doy como mucho el apelativo de onírico, que suena incluso bucólico -aunque no lo sea-. Por intentar concretar el trasfondo, pues en realidad va sobre el devastador paso del tiempo: «su amistad sostenida en el tiempo, su afecto, plasmado mediante 'flashbacks' de sus conversaciones, representa el único tronco sólido al que agarrarse en esta deriva ideológica y económica en la que tanto personajes como lectores se mantienen a flote», y yo me he hundido. 

Quizás es que cuando lees este libro entre ensayos, carece de chicha y es como papel mojado por la falta de fuerza narrativa. Me ha recordado a cuando me metí un nigiri por primera vez en la boca: crudo, incomprensible. 

No sé qué decir, le he intentado sacar más punta pero me resulta complicado, no lo recomiendo, no me casaría con Ali Smith: «Ali Smith es una escritora que no pone las cosas fáciles: exige al lector que se merezca la lectura. Es una escritora que no se casa con nadie, que no teme adentrarse en problemas expresivos y que está en las antípodas del tradicional esquema narrativo de exposición-nudo-desenlace». Prefiero a Vivaldi.