¿Es un escándalo hablar de algo escandaloso? ¿Me hago parte de ese escándalo al solo nombrar Motomami? ¿Promulgo con mi reflexión esas portadas que contienen imágenes eróticas de Rosalía? A priori, sí. Y es que la primera imagen importa mucho, es la primera instancia. Si no se supera, las costas para revertir el veredicto en la siguiente instancia son altas, pregúntale a Johnny Depp.
Comentar este escándalo es posible tras un tiempo prudente. Ya ha caducado lo impudoroso de esta ferviente actualidad y la gente ha podido decidir si ver (o no) videoclips, entrevistas y análisis. Tras este tiempo prudencial, me mojo a favor de este proyecto en el ámbito musical.
Sabiendo que Motomami es un escándalo objetivo por sus portadas, quizás Rosalía pretende criticar eso mismo, que el primer impacto está sobrevalorado. Es decir, si no se profundiza no se valora. Con su nuevo álbum pasa eso, es una deconstrucción artística. Ya sabemos de lo que es capaz, ahora nos lo muestra a cachos.
Quizás quien sobrepase esas portadas descubriendo un velo complicado ya ha entendido su mensaje, pues se encontrará con algo raro, desnudo, sin demasiada uniformidad, ese es el eje del proyecto. Es un esfuerzo aparentemente ingrato, como el de Po (Kung Fu Panda) al leer el secreto del pergamino, el todo para la nada. Todo un camino arduo, incomprensible, para la misma nada.
Dicen algunos analistas que otro eje temático del álbum es su creencia en Dios, que puede llegar a ser neorrancia. Pudiendo ser así, las portadas no indican esto, lo cual nos lleva a una paradoja. Mi premisa indiscutible son las excesivas referencias sexuales como contrapunto de su creencia en Dios, al menos, en el Dios cristiano. ¿Una persona se puede salvar solo con su fe sin producir buenas obras? Santiago afirma que una persona justificada por su fe tendrá buenas obras. Rosalía se quiere salvar sin estas buenas obras, su fe no le justifica, no parece una fe genuina en Cristo. Lo que salva no es la fe, sino la verdadera fe.
¿En qué cree? Me atrevo a decir que en la fe de su abuela, es decir, ama a su abuela con locura, a su motomami, pero ella en primera persona no la vive. Lo que desprende es un amor a su familia y a todo lo que tenga que ver con ella, fascinante. Y Dios le fascina en la medida en que lo ve presente en la vida de su abuela.
Rosalía me gustó musicalmente. Su propuesta actual ya no es solo musical, trasciende los pentagramas. Hay que ser temerario para cruzar esa línea, pero es la línea de la autenticidad, muy amiga de la locura. Rosalía, te entiendo, olé ese amor por tu abuela y por la música de calidad, pero no te puedo compartir, eres un escándalo.