Zapatos rojos


Si buscas en Google 'zapatos rojos' te encontrarás con la canción 'Tacones Rojos' de Sebastián Yatra. Pero no iba en búsqueda de esos zapatos rojos, sino de otros que me parecían menos rítmicos, más sugerentes. 

Siempre me llamaron la atención los zapatos rojos que llevaba Benedicto XVI, ahora Papa emérito. En su discreción, esto parecía una nota chirriante, un  pegote o algo que podría atreverse a destacar un tiburón del marketing. Cuando la fumata blanca anunciaba a Joseph Ratzinger, al zapatero Adriano Stefannelli le anunciaban: "talla 42".

Como curiosidad, estos zapatos están expuestos en el museo de Granada de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios. Los zapatos rojos son muestra del poder papal, color reservado a emperadores y que simbolizan el rojo de la sangre que derramaron los mártires de la fe. Es evidente que el rumbo del papado de Francisco no augura que un día de estos le veamos con el rojo asomando por las puntillas.

Sin embargo, aunque Francisco no vista de mártir, no será porque no lo es. Existen decisiones que son relativas y opinables, y como tales, hay que tratarlas como tal. Que no se puede perder la paz, y menos la caridad, por hechos de segunda clase. Es fácil reconocer el larpeo de criticones que alejan de la fe más que acercan, que absolutizan lo relativo con su martillo de herejes. Qué bonita la paciencia en lugar de la insolencia.

De nada sirve toda la verdad si falta la caridad. Que faltar a lo segundo buscando lo primero es contraproducente. Que los machetazos en redes sociales o en foros públicos no ayudan. Que no eres Jesús, ni los cambistas están en un templo. Que "por sus frutos los conocerán" y los justicieros recogen lo que siembran: justicia. Menos mal que existe la misericordia, que asoma como un rayo de luz:


Hay un rayo de luz
Que entró por mi ventana
Y me ha devuelto las ganas
Me quita el dolor
Tu amor es uno de esos
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