Turbulencias neuronales


Es frecuente la ligera confusión acerca de mis conocimientos sobre aviones. Es decir, el interés de un avión se puede estudiar desde dos puntos de vista: el tecnológico y el histórico. En mi caso personal, puedo narrar muchos y aburridos pormenores tecnológicos y los fundamentos del vuelo, que a casi nadie importan, pero no sé tanto de historia. Alguien me recriminará: "no sabes nada de aviones". Algo de razón hay, los auténticos frikis de la historia y de las Guerras Mundiales, como Jaime, sabrán mucho más, esto es, de modelos antiguos, batallas aéreas y demás.

Tengo que confesar que objetivamente es más aburrida la tecnología. Dejadme al menos dedicar un escueto párrafo a explicar por qué puede volar una mole de no-sé-cuántas toneladas, sin meterme en detalles como los gradientes de presión.

Si alguna vez has sacado la mano por la ventanilla del coche mientras este va a cierta velocidad, habrás comprobado cómo sube para arriba la mano, siempre que tengas las puntas de los dedos apuntando hacia arriba (o ángulo de ataque positivo). Tienes los elementos necesarios para que tu mano vuele: mucha velocidad en contra del aire que te permite avanzar y la propia fuerza del aire que impulsa hacia arriba tu mano. Si estuvieras parado en un semáforo, la mano caería, ya no sería sustentada por la fuerza aerodinámica. Pues un avión es igual, mientras tenga velocidad (de los motores), la superficie de las alas permitirán que el aire lo sostenga surcando el cielo.

Si nos vamos a la dimensión histórica, todo adquiere un sentido muy profundo, estratégico, diplomático. Y entonces, se invita al análisis de bombardeos nucleares, del fatídico 11-S o la muerte del Presidente polaco en 2010. Tenéis ríos de tinta acerca de la trascendencia del avión el siglo pasado.

En cuanto a accidentes, el experto y divulgador de esta materia es @PatoAviador en Twitter. Como yo no sé tanto de estas cosas, expongo el caso de las turbulencias y ya me voy. Este es uno de los casos en los que la ignorancia genera incertidumbre, una incertidumbre que a 800 km/h y 9.000 metros del cielo puede dar miedo. Pues bien, las turbulencias no son más que huecos de presión en los que se genera corrientes raras que agitan un poco el avión, como un bache en la carretera. El avión está preparado de sobra para aguantar turbulencias de todo tipo. Así que cuando vivas en primera persona turbulencias, el avión estará preparado, y tú, también.