Fotogénesis


 ¿Qué hace que alguien sea fotogénico? Es un interrogante al que debo dar respuesta cuanto antes por mi propio bien. Cuando encuentre el por qué, quizás podré cambiar de bando, mientras tanto, resistiré con una tímida sonrisa que no le gustará a la cámara.

Lógicamente, la consecuencia son fotografías cada cual más cínica que la anterior, personas oportunistas jugando con los recuerdos, destrozando realidades, aparentando emociones. Dar buena imagen es fundamental, es tener un envoltorio más brillante, es jugar en la aristocracia del clickbait.

Por ello, ¿qué nos queda a los que no nos beneficiamos? Nos queda únicamente la esencia, lo que no se ve, lo importante, lo inmutable. No nos conformamos con las migajas de una sonrisa brillante.

La respuesta también puede trascender la belleza externa. Hay un relato breve (El caballero de la armadura oxidada) que explica muy bien la necesidad de conocerse, aceptarse y amarse. En las fotos, estas realidades se perciben de un modo explícito. Ser más guapo o más feo es parcialmente fácil saberlo. Yo por ejemplo, entre un 6 y un 8, dependiendo del corte de pelo. Un raquetazo en la boca hace unos años me impide ascender más.

Y no pasa nada. Ahora bien, aceptarse significa no salir a regañadientes en las fotos, y amarse, es sacar una sonrisa que abarque bien la foto, donde dices: me amo, a mi pesar. Ámate.