Reina roja (Juan Gómez Jurado)


 Quizás merece todo el bestseller. Quizás no. Mucha dosis LGTB, aunque prefiero llamarles lechuguinos -término juanmanueldepradista-, lo primero tiene demasiada cacofonía. Desconozco si es por subvenciones que recibe o porque en el relato, Jon tenía que ser gay por naturaleza.

Igualdad, libertad, fraternidad. Estos valores republicanos vienen muy marcados -aunque el título proponga lo contrario-, quizás es un guiño a nuestra Leticia, quién sabe. A veces irreverente con valores conservadores -esos que nos gustan-, pero no orgulloso, ya dice Chesterton que "el pecado es el orgullo, no la blasfemia". En esta línea, el secuestrador resulta que es un casposo creyente. 

Otro hincapié desde el principio es la salud mental, con una naturalidad que asombra para bien, puesto que la protagonista se reserva un par de minutos al día para pensar cómo suicidarse, con el beneficio para el lector de normalizar los problemas mentales y para mí de recomendar el delicioso libro 'Delicioso suicidio en grupo'.

Este que nos compete es un libro que no sé si recomendar. El gusto inicial no me convence, pero ha sido capaz de generar un retrogusto curioso, algo amargo, que te deja con ganas de un poco más. Ya veremos qué hago, antes tengo muchas cosas aún en lista de espera. Admito que, si puedo, soy más de Limón que de Tónica con el Gyn.

También es que lo he leído con otros proyectos suculentos en paralelo. Y claro, se llama Juan Gómez el autor, que podría llamarse así mi primo. Comparado con Dostoyevski, este último tiene un apellido de más entidad, aunque Fiodor bien podría ser mi primo, nunca lo sabré.

Me guardo un chiste algo irreverente que me ha gustado: "Los sacerdotes ponen un poco en la frente y en las manos de los moribundos. —¿Y qué se supone que hace eso? —Prepararlo para el encuentro con Dios. Es como engrasar al camello para que entre por el ojo de la aguja."

Quitando el episodio quentintarantinesco de explosión, el resto son clichés estirados como... ¿chicles?, nada especialmente relevante. En definitiva, si me tengo que mojar, pienso que es un modelo súperventas, muy actual: demasiado. Concluyo afirmando que los conservadores somos más transigentes, los progres difícilmente leerán la Biblia, pese a que Juan Gómez con seguridad lo habrá hecho. El broche lo reservo a un verso de Ezequiel en las Sagradas Escrituras: "Hijo de hombre, recibe en tu corazón mis palabras que yo te hablo, y escúchalas atentamente".