Verbigracia (Enrique García-Máiquez)


 De Enrique García Máiquez ya me dan igual los titulares de sus artículos. O los título de sus libros, aunque se desviva por estos para que sean tan redondos como un aro de humo. Ya me da igual el tópico que trate. Lo que me importa es que es un artista, y todo lo que cae en sus manos y merodea en su cabeza lo saca del horno con una precisión, belleza y virtud que me acomplejan.

Por tanto, 'Verbigracia' no es más que otra de sus obras de arte. En este caso, una antología poética. Todo lo digo con el entusiasmo de quien ha descubierto un reciente tesoro, que me lleva a leer en La Gaceta de la Iberosfera, en su blog, en el diario de Cádiz, en Twitter o donde surja.

Y es que el propósito detrás de su obra se cumple, pocos han hecho endecasílabos de la vida ordinaria con tanto rigor en su literalidad. Toca tópicos, desgaja clichés, pero con ópticas tan serenas como bellas, tan sinceras como naturales. Cuenta su vida, tu vida y mi vida, narra vivencias y explora lo de siempre, como nunca.

Se olvida del día a día y desde su propio afán de la eternidad desglosa experiencias, que pareciendo ajenas, se hacen propias. Interpela a la infinitud desde lo concreto, reposa momentos en los que parece que un aroma como de incienso ascienda a los cielos y entonces las agujas del reloj -pausadas- dejan de ser como cuchillas que nos desgracian.

Alabo esta obra porque leer a alguien me une a él, apuntala una afinidad virtual y, como a cierta gente, podría decir: "porque yo ya no soy yo, porque yo ya soy nosotros". Así, dejo 'Verbigracia' en el retrovisor de obras que me configuran, y avanzo con la gratitud de dejar atrás un bello paisaje, al que quizás volveré.