¿Me escucha alguien? No estoy seguro. Solo sé dos cosas: que no sé nada y que Momo me escucha, allá donde esté, o ese es el mensaje de este libro, un mensaje discreto pero sonoro, una historia de Michael Ende que para nada se hace interminable.
En mi lista de libros (sí, un Excel) solo 9 de 117 obtienen un 10 de media. Momo se encuentra entre esos 9, lo cual es un éxito dentro de mi subjetividad. Para mí se trata de un pez gordo, tan gordo como Big Fish -película que más pronto que tarde se merece su reseña-. Permitidme narrar la primera vez que me planteé leer Momo.
No fue casualidad, acudí con mi familia al circo navideño en algún curso medio de primaria, y culminaba con la entrada de los Reyes Magos a camello, toda una delicatessen para un niño como yo de unos 8 años. Los regalos los trajinaban los trabajadores de la empresa de mi madre, y mi madre trajinó que Melchor me regalara un libro con una niña en la portada que se hacía llamar "Momo", y resultó cero atractivo para mí. En algún cajón cutre de mi habitación sigue reposando.
Tras aquel episodio, unos 12 años después cayó en mi visión panorámica una reseña de Momo, y decidí apostar por aquel regalo de mi madre. Mi madre, qué duda cabe, acertó de pleno y yo me embarqué en la aventura de seguir a la tortuga Casiopea y a Momo a escondidas. Este fue el decálogo de citas que me enseñaron:
33. "Sólo Momo sabía esperar tanto y entendía lo que decía. Sabía que se tomaba tanto tiempo para no decir nunca nada que no fuera verdad. Pues en su opinión, todas las desgracias del mundo nacían de las muchas mentiras, las dichas a propósito, pero también las involuntarias, causadas por la prisa o la imprecisión"
52. "Claro que el señor Fusi no tenía la menor idea de cómo habría de ser eso de vivir de verdad. Sólo se imaginaba algo importante, algo muy lujoso, tal como veía en las revistas. «Pero», pensaba con pesimismo, «mi trabajo no me deja tiempo para ello". Vïdeo link de las ratas de tw
55. Cada día le dedica a la buena señora una hora entera, lo que significa que se sienta con ella y le habla, a pesar de que está tan sorda que apenas puede oírle. Eso es tiempo perdido: da cincuenta y cinco millones ciento ochenta y ocho mil. Además, tiene usted, sin ninguna necesidad, un periquito, cuyo cuidado le cuesta, diariamente, un cuarto de hora, lo que, al cambio, da trece millones setecientos noventa y seis mil". (Claramente, el capitalismo no es lo suyo) (...) "Se alegra tanto siempre —contestó el señor Fusi, a punto de llorar. —Pero visto fríamente —repuso el agente—, es tiempo perdido para usted."
72. "Lo peor son las casas que hacemos. Eso no son casas, eso son… eso son… almacenes de gente. Se le revuelve a uno el estómago. Pero ¿a mí que me importa? A mí me pagan y ya está. Los tiempos cambian" (Barato, bonito, barato)
98. "Sus intenciones no nos importan —repuso el juez—. Sólo nos importan los resultados". (...) "Sus excusas no me interesan. No aceptamos las circunstancias atenuantes. Nuestra ley es intransigente y no permite ninguna excepción"
129. "Porque al igual que tenéis ojos para ver la luz, oídos para oír los sonidos, tenéis un corazón para percibir, con él, el tiempo. Y todo el tiempo que no se percibe con el corazón está tan perdido como los colores del arco iris para un ciego o el canto de un pájaro para un sordo."
130. "—¿Y qué hay al otro lado? —Entonces has llegado al lugar de donde procede la música que, muy bajito, ya has oído alguna vez"
Si compusiéramos una Biblia secular académica, este libro formaría parte de la misma. Quizás del Nuevo Testamento, donde ya baja la promesa a escuchar a la gente y a dar un poco de ejemplo.
