Síndrome de linier


 Me gustaría dedicarle unas líneas al linier. El línier es alguien cuyo trabajo es desagradecido. Poco a poco se le sustituye por tecnología, ya que la tecnología es más eficaz y eficiente. Se le dan a veces tareas de poca luz, como sujetar el banderín al alza con las dos manos cuando se lleva a cabo una sustitución. Breve recordatorio de que hoy empieza el Mundial, una cita imprescindible con la historia.

No quisiera despreciarlo, pero me da cierta pena inmaculada de nostalgia. Nadie tiene por vocación ser linier. Incluso ahora se le denomina como "árbitro auxiliar" o "árbitro asistente" para concederle mayor entidad a su rol. Esto ocurre con muchas tareas. Incluso me temo que se equivocan adrede por afán de protagonismo. Tendría que consultarlo, pero creo que son árbitros que están aprendiendo o que están en la nevera.

Cada vez que veo un partido de fútbol, pienso en el linier y me consuela, no estoy tan fastidiado como él. Cuando hay duda en un gol por fuera de juego, el VAR lo revisa. El mensaje es claro: "linier, no eres importante". Para los expertos en dibujo técnico, el linier es el lugar geométrico de los puntos del plano en el que concurren el aburrimiento y los cánticos del público. "Queremos la cabeza del linier" o "ese linier es un velocirraptor" son fruto de un partido tedioso o aburrido.

El periodismo deportivo se frota las manos con estos tipos, se aferran a ellos para profundizar en las polémicas de milímetros que evitan o conceden goles. Para esa gente raruna que no sabe cuándo alguien cae en fuera de juego, la labor de estos puede ser asombrosamente compleja. Pero nada más lejos de la realidad, para instruir en la profesión a un linier bastan diez minutos.

Hay cierta gente que le gustaría que este mismo síndrome lo padezca un tal Felipe VI, el de verse relegado de árbitro principal a mero linier, que no se le tenga en cuenta. Pero ahí sigue, como dice Cayetana, la políticamente indeseable: "ejerciendo, exactamente, su papel de árbitro, que consiste en asegurar el cumplimiento de las reglas del juego. Porque esas reglas se pactaron. Son de todos: también de los nacionalistas. A todos protegen: también a ellos, los nacionalistas. Y expresan lo mejor de España: la voluntad de vivir juntos los distintos en libertad e igualdad. Es decir, la convivencia". 

Pese a todo, seguimos jugando el mismo partido desde hace 40 años. Y hoy, Qatar-Ecuador, allá vamos.