Un gran banquete


 Hace poco debuté en un Buffet Libre que no conocía, se llama 'Colonial', lo recomiendo. Ambiente muy tranquilo y espacioso. Nada que envidiar a aquellos de Domino's Pizza, algún Wok o Muerde la Pasta. Un buffet merece previa, es sabido, la libertad que te otorgan vale la pena disfrutarla y extenderla en cada bocado, sea de allioli, de wasabi o de toppings en el helado. Para extender esa libertad, hemos de realizar un breve ayuno previo, quizás frenar la merienda prevista. Esa parte del protocolo es importante para ser maestro en el arte del gran banquete. 

Quien no viva ajeno a los acontecimientos mundanos, habrá podido disfrutar estos pasados días de otro banquete: un Mundial de Fútbol. Raras fechas, raros anfitriones, pocas sorpresas y Argentina con su tercera estrella. Siempre me ha gustado Luis Enrique y su aura hostil frente a la prensa, fruto de una personalidad sólida con cierto picorcillo arrogante. A rascarse. El buffet futbolístico es un gran placer a nuestro alcance, bastaba encender la televisión para encontrar a los mejores del mundo haciendo grandes jugadas, levantando pasiones y moviendo dinero sombrío. La final fue una sabrosísima guinda.

A nuestro alcance tenemos otro buffet, también impregnado de caprichos. No es otro que la Navidad, con sus regalos, fiestas, vacaciones, banquetes y familia. Se despiertan pasiones, sobre todo en los pequeños ese 5 por la noche, qué duda cabe. También se dan motivos para las reuniones familiares o de empresa o de amigos, momentos oportunos y oportunistas de reencontrarse con los seres, a veces, queridos.

Me resulta interesante contemplar, aunque sea brevemente, qué protocolo he seguido en cada caso. Sobre todo, para el gran banquete paradójico de la humildad de Belén. Allí concurren festejos, regalos, encuentros, quizás delicias gastronómicas -me fío mucho de aquellos pastores-. Llegados a este punto, me cuesta pensar que he llegado en ayunas o respetando el protocolo a este gran banquete del corazón. Quizás, no hice ayunas con el Mundial. Todo era raro, nunca debió jugarse en Qatar, la estrella de Argentina me ha cegado un poco la de Belén, es lo que tiene la contaminación lumínica. Un error que espero se me perdone para seguir siendo maestro en el arte del gran banquete.