Al 2023 sin duda le apetece ser normal. Quiere empezar en lunes y quiere empezar sin papas eméritos, quizás no sabe que ahora tenemos un gran intercesor. El 2023 quiere ser normal, y eso no sé si significa cumplir los propósitos o justo lo contrario. Pero antes de darle rienda suelta, yo al 2022 tengo un par de cosas que decirle:
Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Y así, hacen 22.
Me veo en la obligación de agradecer no solo este año, sino los 21 que en anteriores ocasiones ya han pasado por su 31 de diciembre sin mi agradecimiento, como si tal cosa fuera soslayable, como si todo hubiese sido igual, siguiendo un destino predestinado, programado y fatal.
Han pasado cosas este pasado año, algunas más interesantes que el anterior o que las que pasarán el próximo. Algunas cosas mejores, otras peores. Algunas más brillantes, otras más oscuras. Ha habido ocasiones de alegría, y de tristeza. Pero ha habido esas ocasiones, y todas son oportunidad de agradecimiento.
En mí no ha cambiado gran cosa, quizás un anillo que llevo en el dedo y una herida en un dedo de la otra mano. Soy alguien más curtido y con ocasión de mayor rencor, de mayor experiencia, de mayor odio o de mayor comprensión. Soy alguien que ha dado la turra desde enero y esto es un mero turrón. Y si soy todo eso o lo que seré el próximo año, es gracias a ellos.
Sólo ellos saben quiénes son. Si llego arriba, porque me aúpan. Si me caigo, caigo en sus brazos. 2023, en breve voy a por ti con algunos propósitos, para que no seas normal aunque lo pretendas. Prepárate, porque traigo guardaespaldas.
