¿Por qué no hablar del reggeatón? ¿Por qué no analizarlo un poco, en vez de escucharlo, aunque sea solo por un momento? Analicemos a estos que juegan con la santa perla del arte, sacrílegos y abusadores de lo que merece culto popular, el humano tiene una fuerza impresionante y... ¿hacen esta mierda repugnante? Manosean un preciado instrumento como es la música. Embusteros de recursos literarios, miserables indecentes, gusanos frívolos que hacen uso de rimas baratas bajo el ritmo acompasado de acordes secuestrados, tomando como rehenes al desfase cómplice de los juerguistas.
Los cantantes -casi digo artistas, lejos de mí- ni siquiera son los protagonistas de esta tragicomedia, son meros cómplices de los compositores y sus discográficas que se lucran a costa de arrastrar por el fango a ciertas notas musicales. Es un pequeño y lícito placer el que me doy a veces en sesiones de reggeaton, pero... ¿y si dejo de ser cómplice? Presento así mi primer propósito para este año que ya ha empezado.
El reggaetón es una cultura que llega desde Puerto Rico, también Estados Unidos. Una cultura que, siendo asertivos, no rema en una dirección que deseo. Ah, esos cerdos que jamás mirarán a las estrellas, que retozan en el barro, duermen en él y viven en él. Ah, esos cerdos alimentados por aquellos figurantes cavernícolas, esos cerdos que se limitan a ser malabares de sus propias concupiscencias, esclavos del anhelo depredador.
Quizás esa basura divierte unos años, pero por ser basura, aburre rápido. La obsolescencia frente a la reliquia, la inmediatez frente a la tradición. Una vez analizado, escuchen bajo su responsabilidad estas liturgias infames. Los poetas y autores verdaderos tienen hilo de comunicación directo con las musas. Los cerdos pretenden depredarlas, y ellas, se alejan, desesperadas. El arte tiene vocación de tocar lo más profundo del otro, y despertar la curiosidad de llegar hasta el fondo. El Verbo se hizo carne. Pero la carne no se hace Verbo, ni se hará. Me presento voluntario para ayunar de esta carne con la leve esperanza de no llegar tan tarde.
Ni siquiera dejan espacio al silencio, siempre amigo de la música, esas pausas que hacen fecundas las melodías. Corrompen las líneas, las mentes, los sentidos externos llevan un elemento tóxico hacia la imaginación y la memoria. Desconozco qué columna hay que destruir para que todo ese edificio se derrumbe. El hombre, soberbio, pensó que podía encontrar entretenimientos mejores que la propia naturaleza, poesía procedente del mismo autor que el Verbo.
Si toda la vida te estimulan para ser cómplice entiendo que es complicado, todo ese tráfico indecente de influencias, esos mercados que prostituyen las herramientas tradicionales: el juego, la música, la danza o la poesía. La cultura, en sus manos, les dejamos, les dejo. Sin embargo, me voy redimiendo, lejos del puritanismo encuentro mi perdón, cerca del arrepentimiento mi salvación.
Primero, necesito contar la verdad acerca de la carencia intelectual y artística de mi alma, para luego, comprometerme a forjarla. Al menos he descubierto esta enfermedad que me embarga sin ninguna duda al respecto. Mi alma lenta y pausada como un caracol, las argucias del diablo le han extraído toda gota de vigor. Deseo mucho y hago poco -para vivir tranquilo-, olvidando un misterio que me pasa desapercibido. Cuanto más tiempo pase en esta cárcel más difícil será escapar.
Hay que unirse contra la estupidez. Pero es difícil vivir en una burbuja, ser lobo solitario o peregrino de la belleza, quién sabe ser tan fiel a sí mismo. La poesía es difícil, exige mucho del lector. La buena música también, exige mucho. Pero apostamos por la falta de exigencia, baby. Y apelar a lo superficial, allanar los atajos, baby. ¿Tomar conciencia de la idiotez y el autoengaño? Para qué, si es más cómodo ser preso de los vicios, los dulces venenos vendidos como elixir de una vigilia de ensueño.
Volviendo al inicio: ¿por qué es malo el reggaetón? Algunos dicen que por el ritmo chumba-chumba, que es muy básico y hace un flaco favor a la música. Otros dicen que habla todo el rato de sexo. La mayoría de canciones lo hacen de modo explícito, otras implícito, pero el consabido estándar presenta una simple estructura: el macho es un depredador, y a la hembra le gusta ser depredada. "Te voy a depredar" parece el más alto de los cortejos.
Pido perdón y cautela por las letras que hay a continuación. Algunas lyrics de "Si se da (Farruko, Arcángel, Myke Towers)"
Todavía eres mía
Eso era, cuáles son tus fantasías
Y yo sin pensarlo baby te lo hacía
...
Y no caliente la comida si no te la vas a comer
Ya tú no eres una nena, baby tú eres una mujer
...
He ahí el gran sacrilegio: la puesta en bandeja de la poesía al servicio de la depredación, la armonía de bien y belleza quebrada por el lucro y el desenfreno. Si aún fuera el cortejo sutil y elegante se entiende, pero ni por esas. No quiero ser parte del sacrilegio, baby.
"Voy a pasármelo bien" como filosofía de vida. Espero que no sea una huida hacia adelante, sería una lastimosa manera de evitar la verdad, cruda y real. Para evitar el reggeatón, terminaré con Michael Jackson ('Man in the mirror'), que me pide que empiece por mí mismo:
