Grano en la espalda


 Sale a unos centímetros del espinazo, normalmente en el lado derecho. No llegas a tocarlo, solo a sentirlo. Te fías de que se despedirá tan pronto como ha venido. A la vez, no te fías, quizás no es solo una broma caprichosa y es un argumento de seriedad. Los expertos sugieren varias opciones para alcanzarle: usar la otra mano -siendo poco ortodoxo, a veces el milagro llega-, un matamoscas si estás en casa de la abuela, la funda del móvil si estás solo.

Te recuerda su presencia cuando tocas silla, mejor sillón. Bastan segundos para mostrarle indiferencia durante horas. Nos embargamos en la fluidez de la actividad que ignora el hecho furtivo. Llegan las últimas horas del día, y la lapa saluda inerme, ve contigo la película.

Le despides por la noche con la actitud de un adiós al trabajo el viernes. Pero con ganas de que se pida una excedencia. Despiertas, te tocas la espalda, y tampoco llegas a tocarlo: ¿se habrá ido?