Me topo con frecuencia con despedidas mágicas en LinkedIn, dignas de discursos en algún emblemático College de Boston o de Massachussets. Y como LinkedIn es un lugar en el que hay que aparentar, pues me vengo aquí a escribir la despedida.
A nivel personal, este capítulo del libro de mi vida se ha hecho demasiado largo, además tiene la subtrama de la pandemia que ensucia el capítulo. Empecé este episodio con la ambición de empezar el episodio. Es decir, antes de entrar en el grado no pensé demasiado por qué quería entrar en el grado, no había un gran por qué, me lo dictó la intuición. Tenía nota para entrar en Aeroespacial y decidí fardar de haberlo hecho. Al igual que en unos años fardaré de haber salido, aunque ocultaré haber tenido que pagar alguna matrícula de más en varias asignaturas, bobadas.
Ayudó mucho a esto que en el grupo de trabajo de bachiller había una persona que también quería estudiar esto, y otro que lo pensaba pero no podría por nota. De ahí el caché sobre mi persona si conseguía entrar. Ante esto, es lógico pensar que me había equivocado de carrera. También he reflexionado acerca de esta postura, pero he conseguido zafarme de ese pensamiento algo amargo.
Si hubiera tenido más referencias, si mi ambición inmadura no hubiese sido parte de mí en ese momento, si el grado no sonara tan rimbombante, si el bachiller técnico no se me hubiera dado tan bien, entonces quizás hubiera escogido otra cosa. Pero todos esos condicionantes eran las circunstancias que me rodeaban en ese momento, y tras unos años puedo levantar la cabeza desasido de esas realidades y afirmar que formaban parte de mi elección. Ya lo dice Ortega: "yo soy yo y mis circunstancias".
Ese "yo" es parcialmente distinto al "yo" actual, otras circunstancias, tras nuevas vivencias, experiencias y reflexiones. El "yo" de aquel momento no se podía equivocar, siendo inmaduro: decisión inmadura, pero adecuada. Al "yo" de ahora no le preguntéis, porque es un "yo" hastiado, con cicatrices aún abiertas. Termino la universidad y digo adiós a pocos compañeros, menos profesores, muchas asignaturas, kilos de apuntes. Saludo al universo laboral, del que sí que puedo ser protagonista. Por fin.
