- Buenos días, ¿por cuánto se vende, hermosa señorita?
- No me vendo, es usted un grosero
- ¿Por 500€?
- Le he dicho que no me vendo
- ¿Y por 100.000€?
- En esas aguas podemos empezar a hablar
- Bien, entonces sí que se vende. Ahora solo estamos negociando por cuánto.
Este conciso relato resume perfectamente el peso que ejerce el dinero sobre nuestros principios, valores o creencias. Poderoso caballero es don dinero.
Cuando una chica se prostituye da un mensaje indirecto a la sociedad: las chicas somos prostituibles, es solo cuestión de poner precio. Es igual si la prostitución es sexual o profesional (cambia el grado), pero dentro de la misma categoría. En una se ofrece el cuerpo, en la otra el tiempo.
Este modo de actuar es un problema, hace poco hubo una inspección de Trabajo gorda a las Big4, es evidente que los consultores jr no dudan en dedicar el tiempo necesario. El problema en ese caso radica en que no les pagan las horas extra, y si lo hacen es por el miedo a la afrenta laboral de salir malparado en cuestión de objetivos propuestos. Se excita tanto los índices de éxito que solo cabe trabajar el tiempo necesario para lograrlos.
Luchar por el jornal día tras día, conocemos esa historia. Parece que el válido es aquel que pone como prioridad absoluta el trabajo, y en esa balanza no entra la familia u otros menesteres.
Tú, ¿por cuánto te venderías?
Tú, ¿por cuánto tiempo estás dispuesto a venderte?
Quizás entendemos más veces de las que queremos aquello de "estoy disponible".
