Tripas, corazón, vicio, necesidad, derecho


 En qué atolladero nos hemos metido: de una ocurrencia (o enfermedad) hacemos un hábito, y sin parar a pensar si es bueno o malo, lo convertimos en necesidad. 

Sin demasiada pausa, si la necesidad se contagia en algún sector (sea por estrato social, de raza, sexo, ideológico, etc) a alguien se le podría ocurrir convertir esa necesidad en derecho.

Y bien, las necesidades son infinitas, y los derechos contienen implícitos que han de ser garantizados, véase subsidiados. El contribuyente no puede soportar derechos arbitrarios a mansalva. No. Basta. Freno de mano. No todas las necesidades tiene vocación de derecho. Obviaré entonces argumentos acerca de si los animales han de ser sujetos de derecho.

Aún no se aclaran con la Ley Trans, y ya es un derecho. No está claro si la cultura islámica es compatible, y tienen sus cuotas de impunidad. Hay algún partido que nace con principios antidemocráticos y terroristas, pero tienen cabida. ¿Hasta cuándo?

¿Cómo hemos llegado a este punto? Levantando la cabeza con el balón en los pies, uno a lo lejos puede observar que alguien anima a ceder el balón. Sí, son políticos y lobbys que prefieren que el dinero no esté en tus manos, sino que pase por el peaje poroso de sus carteras. Conocen la debilidad actual de la sociedad obediente, han visto que nos hemos puesto máscaras como caballos y hemos ido en la dirección que han dictado.

No basta que seamos esclavos de la necesidad, existe gente deseando que seamos esclavos. ¿Recuerdan la caverna de Platón? El sol puede cegar al principio, pero ahí está la luz. No me conformo con la comodidad de pan y circo, ni con encerrarme en casa bajo un control ilegal. Tampoco con aceptar sumiso críticas de los que pasan por el aro, día tras día. Habitualmente, estos últimos pegados a la TV 24/7. Hay vida ahí fuera, lejos de la sumisión, lejos de ellos, cerca de ti mismo.