Un buen amigo mío me decía el otro día: "voy a cortar con mi novia". El motivo era que ella no era tan radical en los principios morales que afectan a la sexualidad, por radical me refiero a los que prescribe la Iglesia, Cristo.
Me pareció muy valiente, fue además justo en plena fogosidad del noviazgo, tras solo una semana juntos de modo oficial. Y vio claro que la solución era cortar de raíz. Pero le quiso explicar a ella los pormenores: que si la espera, que si la renuncia, que si los preservativos después, que si el peligro de la casa sola, y esas cosas casposillas en los tiempos que corren...
Por defecto, el hombre y la mujer se enfrentan a la sexualidad de un modo muy distinto. La mujer entiende de un modo muy rápido que es algo complejo: sangrados, dolor de cabeza, ciclos biológicos, posible embarazo, posible muerte. Esto significa que no es solo complejo, sino importante, es que se juega la vida. ¿Y para el varón? Polo opuesto: fácil y visual. El hombre está hecho hacia fuera, hacia el "ya", no se juega nada y es capaz de puntuar más de veinte posibles cortejos en un minuto a primera línea de playa. Todo lo que es fácil para el hombre, es difícil para la mujer.
Entonces, ¿en qué quedamos? ¿es importante o no? Antiguamente, la hembra en su fase de novia era la encargada de decirle que "no-no-no" al novio, le recordaba la importancia de la espera. Y solo cuando él le entregaba también la vida, ella accedía al sexo. Sí, en un ritual antiguo, él se vestía con sus mejores galas y con ambas familias de testigos le decía que "sí" para toda la vida, aquello se llamaba boda pero apenas se ve hoy en día.
Con esto, la mujer se aseguraba que los riesgos eran compartidos, y la acompañaría de por vida. Hoy en día, y sobre todo desde la llegada de los preservativos, la mujer ya no se juega tanto, y tanto juega que le ha restado importancia al sexo, como si solo fuera un deporte de contacto. El otro problema del sexo es que engancha, y en la cama -calentito- todo el mundo se perdona. Si quieres engancharte a la persona con la que vas a pasar el resto de tu vida, ánimo con ello. ¿Y si no es esa la persona? Pues estás en una relación tóxica de manual, los autores no discrepan al respecto: sal de ahí, deja el sexo y pon distancia.
Volviendo a mi amigo, sencillamente, me cautivó su heroísmo. Estuve dándole vueltas, yo no sé si habría sido capaz. Supongo que en su intimidad más impúdica pensará: "con el mismo corazón que quiero a Cristo debo querer a esta persona, si cedo con Cristo, estaré cediendo con ella". Ahora bien, explícaselo a ella. Y a por eso va. Soldado, buena suerte en el campo de batalla.
