Ajuste de sombrero



Un día llegará ese día. Los padres se van quitando piezas del puzzle para componer el nuestro. Ese día solo quedará tomar el sombrero y ponérselo. Al ponerse ese sombrero, ojalá ese día la cabeza esté bien amueblada para que el sombrero entre de modo ajustado. El ajuste es importante que sea preciso, que honre a quien lo ha portado -aunque lo lógico es que venga grande-. Quien lo ha portado será entonces póstumo acreedor.

Cuando apremie el sentimiento de morosidad vital, es bueno que aumente con él el de responsabilidad, sino, vano es este noble sentimiento. En el instante de tocar el sombrero, recaerá como un yunque todo el peso de la verdad. Una verdad que asoma dulce y amarga. A través del sombrero, entenderemos tantas cosas, motivos, momentos, dificultades.

El primer mandamiento tras los que se refieren a Dios es el siguiente: "Honrarás a tu padre y a tu madre". Y mucha gente lo consigue, son tan tontos como los anteriores portadores, o incluso en vez de sombrero asoma una gorra hortera con un tigre en el panel frontal. 

CS Lewis nos avisa: "Con la muerte de mi madre desapareció de mi vida toda felicidad estable, todo lo que era tranquilo y seguro. Iba a tener mucha diversión, muchos placeres, muchas ráfagas de Alegría; pero nunca más tendría la antigua seguridad. Sólo había mar e islas; el gran continente se había hundido, como la Atlántida."

Aún puedo disfrutar de mi Atlántida, pero por cuánto no lo sé, que le pregunten a DA., que se la ha hundido ante sus pies esta semana.