Solución venenosa

 


Cuando pensamos en las guerras, a nadie que aprecie a su familia le gustaría que sucedieran en su propio territorio. Como cualquier problema, lo lógico no es pensar en arreglar el problema cuando sobreviene, sino evitarlo con medidas de prevención.

En la guerra fría vimos cómo las grandes potencias se blindaban para no mostrar debilidad. Mostrar esa debilidad sería la clara señal de ataque para el enemigo. Para ello, es preciso dedicar recursos económicos a Defensa, mal que les pese a Greta Thunberg y sus seguidorxs.

En este contexto, le escuché a Slavoj Žižek -en su debate frente a Jordan Peterson- un argumento algo coherente y para nada populista. Cabe decir que ambos (Žižek y Peterson) son marginados por la comunidad académica predominante. Algo tienen que decir que no gusta. La nueva izquierda, el nuevo progresismo, realmente ataca a ambos, aunque sus propuestas de cosmovisión sean diametralmente opuestas.

Žižek afirma que para la felicidad no se debe tener democracia, ya que eso trae carga de responsabilidad. Para él, la felicidad se resumen en: hay otro tipo ahí, puedes echarle la culpa a él. Añade que cuando Checoslovaquia era comunista "la vida era relativamente, moderadamente buena, pero no perfecta; había carne siempre menos una vez al mes". Remata la jugada definiendo la felicidad como subproducto necesario: "si te enfocas en ella estás perdido, pero aparece como un subproducto mientras trabajas por una causa".

En el marco del debate, Peterson defiende la sociedad más solvente como democracia capitalista. Trae de compañía en el debate a Churchill: "la democracia es la peor forma de gobierno que existe, con excepción de todas las otras formas". Entonces Peterson hace la analogía de la democracia con el capitalismo.

Ante esto, Žižek no baja los brazos, pero algo de razón le da: "es necesaria una dictadura cada diez o veinte años", entonces puede volver la democracia. Quizás refuerza su posición clasista la siguiente cita de Scaramouche: "no puede ejercer un gobierno duradero, porque el poder exige unas cualidades que el populacho no tiene, y si las posee deja de ser populacho. El inevitable y trágico corolario de la civilización es el populacho".

El exceso de libertades en la democracia -sin acritud- permite fuertes críticas internas, que si no se encauzan correctamente, pueden llegar al suicidio de la propia sociedad. Solo medidas fuertes como la quimioterapia son eficaces cuando se tiene un cáncer. No sé cómo acabaremos, Quintana Paz hace su apuesta. ¿Quién se erige como médico válido para aplicar sus soluciones? ¿Alguien se va a imponer, o morimos?

No me mojo a título personal, pero muestro mi desdén frente a la socialdemocracia instalada, que no hace otra cosa que despojar de principios a la sociedad y nutre de falsos modelos y falsas esperanzas. La ciencia más acabada de todo esto ya sabemos cuál es: "aquel que se salva sabe, y el que no, no sabe nada".