Orgulloso perdedor (II)




 Vengo de nuevo con mi ariete a defender una causa silenciada. La anterior vez puse a prueba al tabaco, pero era más fácil porque existe una opinión pública fundada acerca de las desventajas que conlleva a nivel usuario. Este reto es mucho mayor, ya que no hay un trabajo de campo reputado con respecto a las pipas, y hay que hacerlo.

El análisis comienza en un entorno concreto, con mayor probabilidad un campo de fútbol o una película. Son dos entornos donde el nerviosismo es protagonista, y la otra cara de la moneda es el placer resultante de aplacar los nervios.

Pero esta cara de la moneda no deja de ser la cruz, puesto que suele perjudicar al prójimo. En la gráfica de Pareto resultante del análisis, he diagnosticado como salidas frecuentes otras dos, a las que dedicaré con calma sus propios expedientes: morderse las uñas y gritar.

No falto a mi costumbre, y me abstraigo del argumento "es malo para ti", trasciendo tu importancia envuelta de egocentrismo. A continuación, se desglosan los efectos que perjudican a terceros:

1. Porque tengo que escuchar el crujido incesante de la pipa entre tus dientes, muy molesto.
2. Porque he encontrado restos de pipas en los sitios menos pensados.
3. Porque te dejas dinero ahí en vez de en lo que me apetece a mí. Es legítimo quejarme de esto, aunque inútil.
4. Porque usas revistas de adorno como cucurucho para las cáscaras.
5. Porque tú luego no eres el que barre, claro, “no he sido solo yo” si hay un grupo comiendo pipas que permite eludir responsabilidades. 
6. Porque si son de sal, luego tienes que beber mucha agua, y quizá me despiertas porque tienes que ir al baño por la noche, quién sabe.

En resumen, porque si tú comes pipas, yo pierdo.